sábado, 2 de agosto de 2008

Bandolero, Un becerro en mis sueños

Todo comenzó un día de invierno. Muy frió, la hierba estaba escarchada del hielo. Mi madre, la vaca numero 234 de nombre Bandolera, escogió unos carrascos de encina para cobijarse y darme la luz del día. Mi padre era un hermoso semental de 8 años y con una familia muy amplia de contrastada referencia. Pues bien, entre los carrascos y un canchal vine al mundo. Los primeros pasajes de mi vida los recuerdo con mucho frío, temblada de frío, pero rápida y cariñosa mi madre me limpio a lengüetazos y me dio calor. Enseguida me presentó al resto de compañeras, pero yo avispado desde chico, buscaba siempre a la numero 234 para que me protegiera y me cuidara. Enseguida conocí a Bernardo, era el ahijador de la ganadería. Mi primer encuentro fue molesto ya que me cogió, me zarandeo y me puso dos pendientes la mar de monos. Toda mi infancia fue de maravilla ya que no me faltaba de comer. Un día vinieron Bernardo, el Mayoral Don Francisco y el ganadero D. José, nos hicieron correr mucho y por desgracia me separaron de mi madre, ella estaba al otro lado del cercado llamándome pero no podía hacer nada, nos separaba una pared de piedra de granito bien alta.

Esta nueva etapa también estuvo muy bien, tenía buenos compañeros algunos más peleones, pero en definitiva todos éramos muy iguales. Fuimos creciendo y un día vinieron otra vez el mayoral y el ganadero. Vi como me miraban, Don Francisco desde su jaca me acosaba, yo intente escaparme rápido, cuanto mas me daba él con la garrocha mas corría yo pero ahí estuvo Don José muy listo, me puso la garrocha atrás en la penca del rabo y me tiro por los aires, yo enseguida me acorde de todo lo que me transmitió mi padre y acometí contra él, le hice frente, tanto es así que me dejaron tranquilo. Jo, había ganado. Eso creí yo porque, cuando tome aire otra vez me acosaron esta vez si que le acometí, fui a por ellos, le plante cara. Que emoción, solo oía como decían: ¡que bravo que nobleza en la embestida! así que entre voces y alegría oí como don Francisco le dijo a don José que me podría llevar a la Maestranza a una corrida concurso. Le costo convencerle.

Fue pasando el tiempo y llego el día tan esperado por los dos. De repente, sin comerlo ni beberlo me vi dentro de un cajón, se movía mucho, me llevaban camino de Sevilla. Al bajar del camión me recibieron dos bueyes muy grandes en un corral muy chico, me tranquilizaron ya que estaba muy cabreado por el habitáculo tan chico en el que venia.

Pasé el reconocimiento entre admiraciones. A las seis menos cuarto de la tarde me abrieron la puerta de aquel cuarto tan oscuro. Noté como me ponían una divisa de la cual estaba muy orgulloso, eran los colores de mi casa, como si de una bandera se tratara y tenia que defenderlas. Al salir al ruedo recibí una gran ovación, unas palmas muy fuertes y un pasodoble sonó. Me citaron desde un burladero yo busque remate todo lo que me dejaron, luego en otro burladero cercano salio un peón de confianza llamado Lili, iba de tabaco y plata. Me dio dos laces abiertos a una mano, enseñándome a embestir y dejando ver al torero como embestía por ambos pitones. Al darme el segundo capotazo me encontré de cerca al torero de coleta natural, iba de grana y oro, el traje de los toreros buenos, me recibió con cuatro lances soñados, ganando la cara, cargando la suerte y una media acompañando la figura a la cadera contraria que nuevamente hizo sonar la banda del maestro.

Me llevó al caballo por chicuelinas templadas al paso y me dejo lucirme largo. Me arranqué con alegría galopando metiendo la cara abajo del peto, empujé con fuerza hasta derribar al caballo. Embestí hasta en cinco ocasiones al caballo, cada vez me ponían más lejos y cada vez recibía más palmas y vítores.

En banderillas hice que los dos toreros de plata se desmonteraran y el lidiador también ya que me lidió extraordinariamente bien.

Con la muleta el toreo estuvo imponente, me dio unos muletazos sobándome el lomo muy templados en los cuales me indico que tenía que hacer. Embestir largo y con recorrido. Yo no cese de moverme y galopar. Cada vez que me daban un muletazo la gente vibraba, con la derecha con la izquierda fue tremendo dure mucho cuando de repente el torero fue a tablas y cambio el estoque con el que me había toreado. El publico se levanto en armas mucha gente pitaba, otra sacaba el pañuelo, el caso es que toda las almas que en ese mismo momento estaban en la plaza pedían que no lo hiciera. Que yo valía para ser lo que mi padre fue: Semental. Que toro igual hacia muchos años que no salía, así que me abrieron la puerta y los dos solos toro y torero fuimos hacia ella. Al poco rato sin darme cuenta volví a mi sitio de origen, estaba en mi casa con mi bandera en la puerta. Allí vi a todos a Don Bernardo, Don Francisco, a don José. Notaba a todos muy contentos y mirándome con admiración. Me acompañaban unas preciosas vacas treinta para ser más exactos. Yo estaba deseoso de poder enseñar a mis crías lo mismo que mi padre y mi madre me enseñaron.

Pero tristemente desperté, era un solo sueño después de una larga jornada de trabajo, me había quedado dormido en el sofá. ¡Que pena que sueño tan bonito!

Espero que si algún día, que llegará, me vaya y me llamaran a otra vida, me despertara siendo Bandolero toro legendario de una ganadería en la cual el amor al toro y a la naturaleza no tiene fin.


6 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Que bonito becerro y que bonito relato¡ se nota que a esas horas de la madrugáaaaaaaaaa estás inspirado.
Ese Bandolero lo querian todos los criadores de ganado bravo en sus dehesas, que no en sus sueños.

Anónimo dijo...

EL MIERCOLES EN VILLALPANDO LE HACEN UN HOMENAGE A MARCIAL VILLASANTE UNO DE LOS EMPRESARIOS TAURINOS MAS LONGEVOS Y AUNQUE EL SEA DE VILLALPANDO TODA SU VIDA DESDE LOS 16 AÑOS HA VIVIDO EN SALAMANCA
DESDE VILLALPANDO SALAMANCA PARIS Y LONDRES ALLI ESTAREMOS

berrendita dijo...

Precioso relato y precioso el becerrillo de la foto. Claro que a todos los ganaderos les gustaría tener un Bandolero que apretase en el caballo y se creciese en la muleta para verlo salir indultado de nuevo a la dehesa. Por desgracia, la cabaña brava está para que ese Bandolero sea, en la mayoría de los casos, sólo eso: un sueño.

p.d. Merecido homenaje a Marcial Villasante. Y estupenda esa ruta del amigo Josele (urí urí vivan los novios) que pasa por Villalpando, Salamanca, París y Londres. Tendré que trabajarme que incluya la Tacita, que tampoco se está mal. Villalpando... y cierra España !! ;).

Anónimo dijo...

Soy anónimo 2 de tu comentario anterrior. Vamos, la del gorro y el abanico. Además soy tu vecina de barrio. Pues claro que pasaré a tomarme el riojita, pero como ahora me da pereza subir al centro, subiré después de la corrida y me cuentas con calma. Hala, a pasarlo bien que ganado lo tenéis.

Félix dijo...

Y yo que al que indulto es al torero... Qué verónicas. Que maneras de poner a Bandolero al caballo. Qué tandas por derecha e izquierda. Muleta plana, enseñando la panza, citando de largo, dándole distancia a Bandolero, dejándole hacer y haciéndole... Al final, todo lo que sabía Bandolero lo aprendió en la plaza y con el mejor Maestro. De esos sí que quedan pocos. ¿Quién sería?
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

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